Hace poco leí sobre la estupidez de los votantes, acerca de nuestra natural predisposición hacia los sesgos, a omitir información que vaya en contra de nuestras preferencias. ¿Acaso soy la víctima de esto? Me explico:
Hoy murió Osama Bin Laden; Obama salió a hacer una declaración al respecto. Su discurso me pareció adecuado, correcto, accurate, para un presidente norteamericano: alusiones al 11 de septiembre, y Osama como el culpable; se recordó a las víctimas, a los soldados que pelean en una guerra cada vez más incierta; se habló de madres, padres, hijos; se apeló profundamente a los sentimientos de los estadounidenses. Y sobre todo el discurso se trató de un país, de unidad nacional.
Sí, el discurso puede calificarse de bélico, emotivo (en el sentido negativo), y despreciarse por celebrar la muerte de una persona. Pero, y aquí es donde no sé si mi admiración por Obama me cega un poco, éste no podría haber sido de otra manera.
Hay que leer las reacciones norteamericanas: sí, son de alegría. God Bless America. ¿Y podemos culparlos? Nosotros no sentimos su dolor. Creo que como humanos tenemos la necesidad de personificar, de dar una cara a los problemas. Y su dolor estaba personificado, y lo más importante: los unía. Su pena iba más allá de un ataque terrorista, incluía una guerra cada vez más costosa, sin beneficios, sin resultados aparentes. La muerte de Bin Laden es un símbolo, un respiro, un rayo de luz. ¿Debemos juzgar a Obama por conocer a su audiencia: un país dolido?
Y es inevitable pensar en el caso mexicano, ¿cierto? Buscamos enemigos, culpamos a Calderón por no ser Obama, nombramos a ciertos Capos. Y he de confesar, odio la manía de los mexicanos por las comparaciones, por el pensar en el “y si tal hubiera pasado en México”, “y si fulanito fuera mexicano”… pero hoy las cosas son distintas, la comparación es ineludible. Vivimos tiempos terribles, oscuros. Nos duelen nuestros +65000 de muertos por el combate al crimen organizado. Pero nuestro mayor problema es no estar en un frente unido. Hay quienes culpan a Calderón de las muertes y no a los integrantes del crimen organizado. No soy simpatizante de Calderón, y califico de fallida su estrategia de seguridad, pero no lo considero un asesino. Olvidamos a veces que pertenecemos al Estado Mexicano (que sé no es el mejor y su ineficiencia, su aparente indiferencia hacia los ciudadanos nos desalienta profundamente). Y podemos no tener las mejores instituciones, pero no deberíamos rendirnos ante bandidos errantes.
¿Cómo tener un enemigo en común si no sabemos en lado de quién estamos?
Como siempre esto sonaba mejor en mi cabeza, pero realmente necesitaba sacarlo de mi sistema…
Víctima de un mal café,
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